BILOCACIÓN Por Carlos Pos

Publicado el 21 abril, 2021

BILOCACIÓN


por Carlos Pos

…lo sobrenatural, si ocurre dos veces, deja de ser aterrador.

JORGE LUIS BORGES. El Otro (1975)

María Esther Freitas se sobresaltó cuando sonó su teléfono. Habría corregido una decena de exámenes de su clase de Psicología cuando se quedó dormida.

Al separarse de su marido, las responsabilidades se le multiplicaron. Las expensas, el colegio de sus hijas, el servicio doméstico y demás erogaciones debía afrontarlas con su sueldo y la cuota de alimentos que su ex cónyuge –contador público- depositaba puntualmente.

Meditaba la forma de impedir el viaje a Las Leñas, plan de las chicas con su padre para las vacaciones de invierno.

Colgó el auricular. Le costó convencer a su amiga de Córdoba que no estuvo por allí recientemente y menos, con otro hombre. Sería alguien de fisonomía semejante.

-Un sosías –pensó.

Ese llamado marcó un punto de inflexión. Desde entonces se desencadenaron acontecimientos que la llevaron a un clímax proceloso.

Entraba seguido en trance; los llamados telefónicos no cesaban y la seguían viendo en lugares distantes de su entorno.

A esta altura, su rendimiento docente distaba de ser el ideal. Se alimentaba mal, su carácter se tornó versátil y polemizaba constantemente con sus compañeras por cualquier tema baladí.

No obstante, sus congéneres –además de aconsejarla- le recomendaban autores como Buscaglia, Chopra, Bucay, Osho y otros textos de autoayuda. Nunca les hizo caso. Tampoco les comentaría sus vicisitudes.

Resolvió consultar a alguien de su amistad que ostentaba un adocenado título de parapsicólogo. Luego, aceptaría que sus hijas pasaran las vacaciones con su padre y le daría licencia a su mucama durante el receso escolar. Además, no atendería el teléfono por un tiempo.

La explicación que recibió no superaba el concepto elemental de cualquier tratado precario. Así se enteró que: “…la bilocación está tipificada como un fenómeno de conocimiento, perteneciente al grupo psi-gamma que agrupa a los fenómenos paranormales de efectos psíquicos, mediante la percepción extrasensorial (…) La persona en cuestión lleva a cabo una proyección psíquica al lugar en que tendría que estar físicamente, en donde se deja ver y oír, pero no es material. De ahí, la simultaneidad en la presencia de un mismo sujeto en dos lugares distintos…”.

Los encuentros con el profesional eran cotidianos y aunque María Esther Freitas no avanzaba en lo específico, rescataba lo edificante de las conversaciones si el tema era la fenomenología oculta.

Así transcurrían sus días hasta que atendió el teléfono pensando en sus hijas que regresarían al día siguiente.

Con tono imperativo, “su doble” le anunciaba que se encontrarían esa medianoche, puntualmente. Le advirtió que debía esperarla sola. No pudo replicar.

Sin reponerse llamó a su amigo para interrogarle si era posible un encuentro con su proyección, omitiendo el motivo. Le respondió que podría finalizar su pesadilla y que, si se daba el contacto, desaparecería la que sobraba…

-Podrías ser tú –ironizó.

La sonrisa provocada por la ocurrencia era un rictus sardónico. Colgó preocupada. Faltaba poco para las doce.

Trató que la espera fuera placentera escuchando algunas oberturas de Rossini. El Barbero de Sevilla… Semirámide… Cautivada con el galop de Guillermo Tell fue cuando sonó el llamador junto al duodécimo tañido del reloj de pared.

La adrenalina puso un sabor salado a su lengua. Su cuerpo se estremeció. Dudó un instante. Luego, respiró hondo.

Entonces, María Esther Freitas abrió la puerta…

………………………

El Contador se dirigió hacia Talcahuano donde estaba su automóvil. Releyó el oficio que recibió del Juzgado donde se destacaba la frase “abandono voluntario de hogar”. Esa carátula favoreció la tenencia de sus hijas que lo esperaban en el departamento.

Mientras conducía sonó su celular. Escuchó y cortó. Un colega lo llamaba desde Mendoza invitándolo a tomar un café, asegurando que se habían cruzado recientemente en el tránsito. Era ridículo. No podía estar en dos lugares al mismo tiempo.

-Un sosías –pensó.



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