SEÑOR AUXILIO | Gerónimo Humberto Juárez

Publicado el 21 julio, 2020

SEÑOR AUXILIO


Por Gerónimo Humberto Juárez

Estaba Uber, una fresca mañana tucumana en su “rincón de los sueños” (Depto.) pensativo, tratando de resolver, imaginariamente, su honda soledad sin retorno. Divagaba, mateando en su cosmos hermético, inventando alegrías, obvio. De repente un alarido femenino golpeó sus tímpano: ¡Auxilio. Auxilio. Auxilio! Salió presuroso al pasillo del edificio para socorrer a la dama en desgracia. Era una joven señora que estaba caída en la escalera del primer piso a planta baja. A su lado una pequeña niña, asustada, lloraba entrecortadamente. De inmediato, Uber se hizo cargo de la situación levantando a la señora, quien, a su vez, se quejaba por el golpe de la caída. La atractiva mujer agradeció a Uber su rápida intervención. El la consoló, le preguntó su nombre y se ofreció para llamar una emergencia si la situación así lo merecía y ella lo determinaba, claro está.

Roxana, nombre de la señora en cuestión, se incorporó ayudada por Uber. Tranquilizando tanto al comedido cuanto a su hijita Virginia, expresando que no era para tanto, pues estaba bien a pesar del porrazo (golpe). Se sacudió, agradeció a Uber. tomó a su hijita de la mano y se retiró muy campante. Uber la siguió con su mirada. Roxana se dio vuelta. Ambos se miraron sugestivamente. Uber quedó impresionado, (“Intrínseco” también), con la suave belleza de ella. Roxana, a su vez, quedó encantada por la tierna y firme caballerosidad de Uber.

No quedó allí la cosa. A la tarde, Uber fue al bar de la esquina a tomar su cortadito y se dio que Roxana estaba en el bar. Se saludaron. Y comenzó una impensable relación, minutos antes. Muy animada fue la conversación, al punto tal que continuaron viéndose hasta el día de hoy, incluso, en el “rincón de los sueños”. Intimaron. Dos en uno. De vez en cuando. Acordaron respetar los tiempos y espacios de cada uno. Nada de invadir las dos dimensiones. Maravillosos días viven estos dos corazones solidarios a pesar de la suba del dólar, de la inflación, la exclusión social y la pérdida de nuestra soberanía.

En uno de esos días se encontraron, nuevamente, en el pasillo de salida del edificio. Se saludaron tierna y afablemente. Fue, entonces que la pequeña hija exclamó: ¡Buen día Señor Auxilio! Mamá, mamá, el Señor Auxilio vive aquí.

Ambos adultos sonrieron ante la cándida ocurrencia de la niña.
Roxana corrige a su hija: No Virginia, el vecino no se llama Auxilio. Su nombre es Uber.
Y se despidieron no sin antes decirse: Nos vemos.
Virginia, en tanto, ingenuamente dijo: ¡Hasta luego Señor Auxilio!.-

Gerónimo Humberto Juárez


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