NUEVOS DESAFIOS, NUEVAS APTITUDES | Javier Garcia Labougle

Publicado el 13 septiembre, 2020

UNA CÁLIDA CASA


Por Javier Garcia Labougle

Belisario era un hombre de carácter. Lo había demostrado sin miramientos en numerosas oportunidades a lo largo de una vida lo suficientemente larga como para que ahora, a pesar de su espíritu enérgico y vital, estuviera dentro del rango considerado factor de riesgo. Toda una ofensa para su orgullo y autoestima. Mantenía un estado físico impecable, a fuerza de una rutina de ejercicios que prácticamente no había alterado desde sus tiempos mozos. También se consideraba un privilegiado por no haber tenido que recurrir nunca a ninguna clase de pastillas u otros elementos artificiales más humillantes todavía. Su naturaleza seguía respondiendo firme y erguida ante los llamados de las circunstancias. ¡Siempre listo! Como un soldado, como  había aprendido en la colimba.

Tras largos días de encierro donde intentó mantener la calma a pesar de sentirse un preso en una jaula de lujo, su vitalidad empezó a jugarle en contra. Consumió vorazmente la lectura de algunos libros que tenía pendientes y mantuvo un intenso intercambio virtual y telefónico con muchos amigos, algunos de los cuales había perdido contacto en los últimos tiempos. ¡Que alegría! le decía a su mujer.  Hablé con Tony y con Jimmy, ¿te acordás de ellos? Nos matamos de risa recordando viejos y más alegres tiempos. Si, es cierto, ¡toda crisis ofrece una oportunidad!  Y se le acercaba insinuante y con su voz mas seductora le susurraba tomándola por la cintura ¿no te parece? Pero Serena, su esposa de tantos años y luchas compartidas estaba más preocupada en mantener el orden en la desquiciada rutina del hogar  que en responder a las cada vez más cargosas insinuaciones de su insaciable cónyuge. Para serenarlo le pidió ayuda con algunas tareas, y la más apropiada le resultó que suba a la azotea la ropa para colgar, solo subirla, ella luego la colgaría en el tendero. Belisario aceptó a regañadientes pero terminó agradeciendo la oportunidad de tomar un poco de aire libre aunque sea en ese limitado espacio repleto de caños y cables que dificultaban el paso. Pero sentir el suave viento, ver los pájaros volando, al fondo la copa del árbol que engalanaba el patio trasero común del edificio, ayudaron a calmarlo. Un hallazgo de su mujer haciendo gala de su nombre y el conocimiento de su esposo.

Harto de los whatsaspps que repetían hasta el cansancio los mismos videos, fake news y descargas emocionales disfrazadas en extremas posiciones políticas que recibía en los diferentes grupos, se entretuvo en miniseries de todo tipo, hasta que subrepticiamente se quedó sin Internet. “Es un problema masivo de su zona, estamos trabajando para solucionarlo, le descontaremos los días sin servicio, no se preocupe” ¿Qué no me preocupe? ¿Y que carajo voy a hacer con los trabajos pendientes, los correos, las series? Furioso colgó el teléfono sin responder la encuesta que la empresa prestadora del servicio solicitaba antes de finalizar la llamada ¡Bueno! Si es masivo lo van a resolver rápido papá, decía esperanzado y tratando de consolarse mutuamente uno de sus jóvenes hijos, conocedor y voraz usuario.

Luego de otra agotadora jornada decidieron relajarse juntos en familia frente al televisor. No querían obsesionarse ni caer en la sobre información, pero una vez al día les parecía necesario mantenerse al tanto de la inédita situación, calmar su ansiedad y satisfacer su interés. ¡Estos tipos son admirables! exclamaba eufórico Belisario al escuchar a los médicos y enfermeros que detallaban sus conocimientos y experiencias al frente de la lucha contra la cruel epidemia, para luego irritarse con los casos de incumplimiento de la cuarentena que sensacionalistamente exponían los periodistas. ¡Pero te das cuenta, con la cantidad de pelotudos por m2 que tenemos, este virus hijo de puta se va a hacer una fiesta acá! ¡Por favor, denme una Magnum automática! Y Serena y sus hijos lo escuchaban resignados, sabiendo que lo mejor era ignorar su exaltación. Mañana acordáte de llamarlo a Néstor, te estuvo buscando, le dijo Serena esperanzada y tocándole el brazo con calidez antes de apagar la luz y caer vencida por el sueño.

Belisario y Néstor eran amigos y fieles compañeros desde la tierna infancia. Cuando Néstor abrazó su vocación sacerdotal, Belisario trató en vano de convencerlo de las enormes dificultades del camino que se proponía realizar, pero su amigo se mantuvo firme en su decisión de la que nunca se arrepintió. Con los años en cambio, Néstor lo convenció hábilmente a Belisario que se integrara a la Cofradía de los Héroes de la Fe, entusiasmándolo más que nada con el nombre del grupo y la honorífica medalla de Héroe que le dieron al ser aceptado. Esencialmente auxiliaban al padre Néstor en mantener las cuentas ordenadas en la parroquia a su cargo y se reunían una vez por mes para escuchar una misa y reflexión exclusiva para ellos que finalizaba con una austera pero alegre cena de camaradería. Belisario acudía encantado y tenía un gran sentido de pertenencia con el grupo, a los que consideraba auténticos héroes como él.

-¡Néstor querido! ¿Cómo te trata esta cuarentena?

-De aquí para allá, Belisario, en el obispado nos han pedido que ayudemos con las parroquias mas necesitadas, no solo con fondos, también asistiendo a la gente, la situación es muy, muy difícil, le respondía su amigo al otro lado de la línea telefónica.

-Tata Dios se rompió las bolas me parece, y tiene razón, este mundo es un desastre…

-No, no, pará, no te vuelvas loco Beli, nuestra prédica no es esa. Dios es Amor y Vida, es Resurrección, no es castigo…

-…Sí, sí pero pará y este lío ¿quién lo armó? La barra brava de…

-…No, no acordáte cuando les leí y expliqué el Apocalipsis, son cuatro jinetes, hambre, guerra y peste los enemigos, y el cuarto, montado en un caballo blanco los vencerá finalmente…

-¡Bingo! Se acerca el fin…

-Jajá, calmate un poco, “No sabemos el día ni la hora, solo hay que estar preparados”.

-Sí, por eso estos días no me despego de la medalla que nos diste…

-Está bien, pero además rezá y se fuente de paz en tu familia, eso es lo que Dios te pide hoy y yo te pido otra cosa…

-¡A la orden!

-Escucháme, ocupáte de terminar el balance, que ahora no puedo ni pensar en eso y ayúdenme en el  grupo a organizar una colecta on line para reunir fondos para la parroquia y los más necesitados…llueven los pedidos…te corto, me están llamando del obispado por la otra línea, después hablamos, abrazo y cuidáte mucho.

-Estamos jodidos Serena, hambre, peste y guerra, qué combinación, ¿para eso Creó el mundo?

-Ay no Belisario, es por nuestra desobediencia, ya lo hemos hablado mil veces, le respondió ya fastidiada y preocupada en cómo sostener la paz ahora que el encierro se prolongaba varias semanas más. Hay que hacer una buena compra en el supermercado y la farmacia, si yo te hago la lista, ¿te animas a ir? Le espetó más que preguntarle.

-Y como no me voy a animar, acá hay un soldado.

Antes que anocheciera, Belisario se hizo a la calle luego de varias semanas de encierro y con el chango en la mano por primera vez en su vida. Miró para ambos lados de la cuadra para verificar que nadie se acercaba…por temor al contagio…y por vergüenza a que lo vieran con ese horroroso e incómodo carrito de dos ruedas de dificultoso acarreo. Comenzó a caminar y al llegar a la esquina cruzó una mirada con el policía que lo saludaba amable pero un tanto incrédulo, pero una pareja paseando un perrito desvió la atención del agente que los increpó por estar violando las normas. Al llegar al supermercado se encontró con una larga fila, y un poco asustado pero más que nada avergonzado se cuidó de mantener la distancia apropiada. Miraba atentamente a cada integrante de la cola y sobre todo los transeúntes varios que pasaban con bolsas y paquetes. Casi todos les resultaban sospechosos y una amenaza.

¡Sobreviví! Exclamó ya de nuevo en su casa mientras sacaba los numerosos paquetes del carrito. Pero esa experiencia le había hecho tomar conciencia del flagelo cotidiano que su amada esposa enfrentaba al quedar cara a cara con los mayores problemas de la sociedad: los pelotudos, la inflación y la escasez. Desde ese momento se concentró en acompañarla más en la limitada pero placentera vida cotidiana, animándose incluso en algunos desafíos domésticos como llevar la ropa sucia desde el baño hasta el lavarropas. Una noche entusiasmado les dijo a todos: Desde ahora me encargo yo de poner la mesa, y recordando lo aprendido en el casino de oficiales colocó ordenadamente los platos en el centro de cada uno de los coquetos individuales, el tenedor a la izquierda, cuchillo y cuchara a la derecha, vaso en el extremo superior derecho, servilleta a la izquierda y desde el balcón arrancó una flores que puso en el centro de la mesa. Responder al pedido de su amigo Néstor lo tuvo ocupado varias horas al día y por fin se respiraba un ambiente alegre en la casa. Una noche después de deleitar un menú que incluía su plato favorito en la elegante mesa servida con su maestría, Serena lo sorprendió al llegar a su cuarto con un sensual camisón y con el celular en la mano le preguntó con femenina picardía ¿te acordás cuando nos sacamos esta foto? Belisario sonrió agradecido y estimulado al ver esa romántica escena en la playa. Se abrazaron y besaron largamente y Belisario por fin pudo hacer disfrutar a pleno de su energía y vitalidad.

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