Grata Compañia | Javier Garcia Labougle

Publicado el 14 julio, 2020

Grata Compañia


Por Javier Garcia Labougle

Domingo a la tarde, diferente a todos los anteriores, domingo de incertezas y temores, de dudas y sospechas. Mañana también será un lunes diferente. Y los días que sigan también. Un poderoso enemigo invisible se ha instalado sin previo aviso y ha transformado en un santiamén los uniformes protocolos de la vida cotidiana. Ha trastornado la “normal” actividad de millones de seres humanos que por un tiempo aún no muy claro, deberán abstenerse de la convivencia, nada menos. Desazón, incredulidad, sorpresa, interrogantes. Una honda sensación de orfandad e impotencia empieza a ganar los ánimos individuales y colectivos. No será la primera vez que ocurre, la historia registra casos anteriores, ¿similares? ¿más o menos graves? ¿puede ser esta la última? Hay dos reacciones prohibidas, el pánico y la indiferencia. Es tiempo de fuerza y valor ¿dónde obtenerlos? ¿cómo transmitirlos? La fe sin duda, es la primera fuente real y verdadera, pero no siempre aprovechada. Como rezaba ese cartel en el cuartel del servicio militar “Dios y el soldado en tiempos de paz son olvidados, y en tiempos de guerra venerados” . Y este enemigo no respeta ninguna diferencia, pone a todos en igualdad de condiciones. Como las hormigas ejecutando su tarea bajo un único Ojo autorizado.

Hoy más que nunca duele la ausencia. La del encuentro cercano con el amigo, el abrazo y la charla fraterna que alimentan el espíritu. La del hijo en tierras lejanas bajo las mismas restricciones locales. Las pequeñas costumbres que ya son un hábito saludable, el café en el bar a media mañana, la reunión con los compadres, la vida.

Domingo a la tarde, recorriendo en la computadora la realidad y comunicación virtual que ha monopolizado la relación humana. Si, virtual pero genuina, gracias a la palabra, ahora más que nunca a la palabra escrita. La música de fondo, en este caso de un maravilloso cello ejecutado por magistrales manos, elevando las fronteras interiores, estimulando la creatividad. Las palabras que se leen en los escritos de tantas plumas amigas, que nos transportan desde nuestra limitada realidad hacia el horizonte infinito de la mente en plena acción. Una recorrida por los oscuros y crueles pasillos de una cárcel y su justicia tumbera, sintiendo vívidamente la increíble experiencia humana de ese encierro. Pero ¿no es acaso ahora la coqueta y arrogante ciudad una gran prisión sin rejas? El delicioso viaje por la historia de la Villa, de la mano maestra del gran y generoso crítico. ¡Ahh! Pasando sin moverse del lugar, una noche entera en El Chivo Negro, rodeado de pintores, artesanos, bohemios, frente al mar que ha sido finalmente vencido por las dunas. Aprendiendo, conociendo, visitando, viviéndolo. Añorando no haber tenido la oportunidad de conocer a Trudi, admirando la pluma que nos entrega esa magnífica historia. Ahh, que gratitud ante tanta emoción y placentera lectura. Y hay más, mucho más, porque ahora hay más tiempo. La sabiduría de Andrómaca para hacer frente a los desafíos que le exigen las peripecias de ese sobrino impredecible. Los recuerdos de la casa de la infancia, la impensada herencia legada por un prócer, los poemas, una fiesta para el alma, mientras el cuerpo se detiene obligado por las circunstancias. ¡Cómo se valoran ahora más que nunca las bondades y el privilegio de participar en esta actividad que nos regala esta grata y dulce compañía!

Y la vida sigue, restringida, pero sigue. Ya es lunes de mañana, los mercados abrieron con furia para abajo. Anoche las autoridades monetarias mundiales establecieron fuertes medidas de emergencia, alentando la sospecha que la crisis es mas grave aún. Y hoy una vez más apreciamos que el viaje de la codicia al pánico dura más o menos el mismo el tiempo que demora el organismo en hacer la digestión en tiempos de diarrea. Breve pero intenso.

Y cada uno de los míos y los tuyos, acompañarlos y cuidarlos. Y vuelven las preguntas, ¿me tocará a mí? ¿a alguno de los míos? Y en el fondo no es nada nuevo. La fragilidad de la condición humana puesta brutalmente al descubierto. Un minúsculo ser poniendo de rodillas la arrogancia de todas las seguridades y fortalezas conocidas. El oportunismo e improvisación de aquellos que supuestamente están para “cuidarnos y regirnos”. ¡CUIDENSE! nos dicen. Y desde lo más hondo del alma brotan sinceras las palabras: ¡Viejo querido! ¡que didáctica la Tuya, por Vos! Y si, la humildad es la puerta de entrada al valor, el camino inverso al del orgullo y la cobardía. Tiempos de sincero valor y esperanza, de aferrarse a lo Verdadero y su réplicas terrenales de la amistad, el buen humor, el amor a los propios, a uno mismo. Gracias por la Palabra, pero gracias también por la palabra, por la amistad aún sin convivencia.</p

¡Ánimo! La fiesta de la vida sigue, y si nos toca enfrentar tiempos de heroísmo, que sean nuestras estas heroicas palabras que hoy nos pueden brindar aliento: hemos llegado exhaustos y con las municiones agotadas; la niebla impide ver el objetivo y sabemos que el enemigo está apostado en posición favorable con equipamiento y armas de avanzada. Sólo nos resta hacer una cosa entonces: ¡Subordinación y valor! ¡A…vanzarrrr!

Javier García Labougle

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