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DE VÍCTIMAS Y VICTIMARIOS

Escrito por el 6 septiembre, 2023

Un nuevo asesinato. De este lado, la víctima: un joven ingeniero, reciente padre, trabajador y entusiasta deportista. Su vida era valiosa para la sociedad, valiosa para su familia y valiosa para sí mismo; las últimas palabras de Mariano fueron: “No me quiero morir”.

Del otro lado, el victimario, apañado y protegido por el perverso abolicionismo penal y su cría de jueces y legisladores que perciben a los criminales como víctimas inocentes de la sociedad.

Por ello no deberá sorprendernos, cuando se capture al asesino, que sea beneficiario de alguno de los frutos del abolicionismo: tal vez tenga “frondoso prontuario”, quizás sea inimputable en razón de su edad.

No es aceptable que circulen sujetos con “frondoso prontuario”; no es gratis. Hace menos de un mes fue asesinada Morena, de once años. Uno de sus verdugos, Miguelito, de sólo 28 años, tenía cinco causas penales y una condena. Puesto que en Argentina la mayoría de los delitos no se denuncia y, de los denunciados, menos del 1 % tiene condena, la prudencia y la estadística claramente indicaban que era peligroso que Miguelito estuviera libre; hizo falta que Morena muriera para confirmarlo.

Tampoco es aceptable que mientras los honestos mueren en las calles se siga afirmando que asesinos con menos de 16 años de edad, no comprenden la criminalidad de sus actos y, por ende, no son punibles. Es paradójico que estos jóvenes sí comprendan y aprovechen la ficción de su inimputabilidad: cualquiera sea el delito que cometan saben que serán liberados de inmediato y que su nombre no quedará registrado.

¿Cuántas Morenas, cuántos Marianos deberán ser sacrificados para que se acepte que los criminales deben estar presos y que Morena y Mariano merecían vivir?

Roberto Picozzi Gandía

Abogado

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