CABIFY Y OTRAS YERBAS

Publicado el 7 octubre, 2019

Pareciera que definitivamente los consumidores argentinos nos hemos convertido en objeto de maltrato casi obligatorio por parte de (casi) todos aquellos que nos venden productos o servicios. Si Usted vende algo y no maltrata a su cliente… pues entonces mi amigo Usted no ha entendido el modo de hacer negocios en Argentina.

Es bien raro el tema. Supongo que los psicólogos tendrían que dedicarle más tiempo a explicar qué nos pasa que no podemos ponernos de acuerdo en dejar de comprar a los que nos estafan. Y que cambien o se fundan. Pero no; siempre los rescatamos. No quiero invadir profesiones, pero pareciera que hay algo en nosotros de aquellas mujeres golpeadas que aceptan con resignación esa situación. Dramático.

Hace algunos días uno de mis hijos olvidó un teléfono en un auto de Cabify. No tuvo manera de comunicarse ni con Cabify ni con el conductor del auto. Resultó un viaje carísimo. Hasta ahí la historia de siempre: un servicio malo en Argentina. Uno más.

Pero mi indignación fue mayúscula esta mañana cuando recibí un email de Cabify anunciando mejoras en su sistema de seguridad. Los tipos dicen que han habilitado en su app un botón de emergencia.

Pensé que era un paso adelante y que habiendo tomado nota de, seguramente, muchos casos de problemas, estaban habilitando una comunicación negada hasta ese momento.

¡Que ingenuo! Sigo leyendo y veo que la app permite comunicarse con un teléfono designado previamente para casos de emergencia –amigos, familia, etc.- o con el 911. Y con Cabify……ni hablar. ¡Qué caraduras!

Pero cuando uno va al final de la página habilita un email de contacto. ¿De dónde? De Brasil. ¿Para quienes? Para usuarios brasileños.

Y la conclusión es bien fácil: Brasil tiene un excelente sistema de defensa del consumidor. Los brasileños se han dado cuenta hace mucho tiempo que no hay capitalismo ni mercados si los consumidores somos condenados a la estafa de todo el que pueda. Y ahí no se joroba. Entonces como Cabify quiere trabajar en Brasil sigue las normas y habilita un contacto.

Como en Argentina es de mal gusto defendernos de este tipo de abusos y nos han convencido que lo mejor para el desarrollo es entregarse a la violación en aras de la libertad… pues nada. Con Cabify no se puede hablar salvo que escribas a Brasil. Imagina la respuesta. En un país normal, como el que venimos declamando hace décadas que queremos ser, la multa por publicidad engañosa les haría caer el pelo.

Creo que sin perder un minuto el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, o el Gobierno Nacional si cabe, o la Justicia por último, deberían remediar de modo inmediato este déficit, y obligar a Cabify y otros servicios similares a habilitar teléfonos u otros modos de contacto que permitan atender situaciones imprevistas o de emergencia. Mantener esta situación no es un avance. Es mantenernos en la Edad de Piedra.

Mario Terzano


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