UNA CÁLIDA CASA | Cristina Canda

Publicado el 7 septiembre, 2020

UNA CÁLIDA CASA


Por Cristina Canda

Cómodo y seguro dentro de su casa de suaves y redondas paredes, se había quedado dormido acompañado por un rítmico tic-tac; tic-tac.

De todos los sonidos era ese, precisamente, el que más le gustaba. El tic-tac lo envolvía, protegiéndolo, dándole seguridad. Para él, esa, era la mejor melodía.

De pronto despertó sobresaltado… ¡su casa se movía!… una fuerza extraña hacía presión sobre las paredes quitándole cada vez más espacio; apretando su cuerpo; obligándole a inclinar la cabeza hacia abajo; haciéndole difícil respirar.

Escuchaba voces desconocidas. No sabía de dónde venían. No entendía lo que decían. En la penumbra sus ojos no podían ver nada.

Sus piernas y brazos, con los puños apretados, se agitaban tratando de defenderse pero chocaban contra las paredes.

-¿Qué pasa?- se preguntó asustado.

…¡Por favor, déjenme!… ¡Me están lastimando!…- quiso gritar- pero de su boca no salió ningún sonido.

Empujaban su cuerpo hacia abajo. La presión sobre sus sienes era tan fuerte que sentía como su cabeza iba cambiando de forma, alargándose cada vez más.

Unas manos grandes y frías lo aferraron con fuerza y tiraban de él tratando de hacer girar su cuerpo.

Ese temblor, mezcla de frío y miedo, que había comenzado en su barbilla se fue extendiendo por todo su cuerpo.

Una intensa luz hirió sus ojos obligándole a cerrarlos.

Comenzó a llorar desconsoladamente…

… estaba… naciendo…

Cristina Canda

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