EME | Amida Quintana Gomez

Publicado el 7 noviembre, 2020

EME


Por Amida Quintana Gomez

– Ya no le encuentro el gusto a las pequeñas cosas… –

Marlene estaba comiendo una manzana, que últimamente era el único placer que encontraba en sus encuentros sexuales. Comer, escuchar jazz y quemarse la piel con cera caliente.

– ¿Listo? ¿Terminaste tan pronto? –

Frecuentaba las mismas compañías sexuales, pero no la satisfacían, sus encuentros eran por mero aburrimiento, no sabía si lo deseaba o lo hacía por inercia.

– Sexo era el de antes… Louis tira esto a la basura… –

Louis era uno de sus compañeros más frecuentes. Estaba casado, pero siempre se hacía un tiempo para visitar a Marlene. Era el sobrino del dueño del cabaret donde ella hacía sus presentaciones. Si algo lo caracterizaba, era su machismo y narcisismo, y ese día, ante el pedido de Marlene hizo oídos sordos y se dirigió al baño. Marlene gustaba de escribir en su diario, era la mejor manera de canalizar la angustia de sentirse extraña” Lo único que les importa es penetrarme y yo lo único que quiero es placer. ¿No les parece más erótico una buena caricia en la entrepierna? Louis de nuevo quitándose el olor a sexo, gastándose toda el agua sin importarle si yo la necesitaré luego. Espero que me haya comprado el diario que le pedí, últimamente no me escucha… Hombres, hombres, hombres, cuando el foco se sale de ellos se vuelven tan despectivos y ordinarios”.

 Marlene gustaba mucho de acariciarse la entrepierna mientras escribía, comenzaba con movimientos suaves y luego se dejaba llevar por el deseo “Estigmas, presión, yo nunca seré esa mujer que se ahoga viviendo en las normas de otros. ¡Maldito y sobrevalorado pene!” Cuando se le cansaba la mano, dejaba el lápiz en la mesa y se concentraba en sus caricias, hasta el punto de estallar de placer. Se quedaba un rato disfrutando de la electricidad que le generaba a su cuerpo, hasta que le daba hambre o algún pensamiento la atravesaba y con las manos sudadas retomaba su escritura – ¿Acaso mi deseo no vale? quiero ser alguien que lleve su libertad sexual como bandera, yo quiero ser la que incomoda y rompe las normas. Me cansó esta vida en blanco o negro, hombre o mujer. Vamos si ellos quieren que seamos “madre y actriz porno” ¡me niego rotundamente!

Identidades en las que nos vemos sumidas en formas que nos ordenan, nos clasifican. Esperando que llegue alguien con la caricia justa. ¡No! Yo quiero viajar, pisar escenarios, rodar películas, besarme con quien me dé la gana, tener acceso al placer que demanda mi deseo. ¿Acaso mi deseo no vale? Le diré a Louis que hoy mismo me voy a California, escuché de un lugar llamado “El castro”. Espero que no se largue a llorar. Ya encontrará otra amante, yo no seré más su objeto de deseo.”

Hace tiempo lo venía pensando, en sus sueños se veía triunfando en las pantallas de cine, rompiendo taquillas, acudiendo a fiestas importantes, Llevando su manera de pensar al mundo. Vistiendo camisas y pantalones, faldas y botas de tacón.

Esa misma noche, armó las valijas con muy poca ropa, pensó que al día siguiente iría a dar una vuelta por las tiendas de un barrio súper chic, quería llegar a su nueva tierra renovada.

Ahí estaba, donde muchas veces había pasado en sus caminatas por la ciudad. Una vidriera brillosa con telas estrafalarias que siempre le habían llamado la atención. Mientras se miraba al espejo, comentaba con la vendedora:

– América huele a botas altas de cuero rojo ¿qué opinas?-

– No lo niego, pero no creo que exista una atmósfera más bulliciosa y libertina que la de Berlín ¿piensa visitar América?-

Estas palabras tocaron una fibra muy profunda en Marlene, una que la enfrentaba con su peor enemigo, el miedo. Seleccionó rápido las prendas que iba a llevar, el comentario la había puesto incómoda, lo que quedaba sería rápido, pagaba y se iba.

– No durará mucho. ¿No has leído los diarios? La llegada del “nuevo movimiento” hará imposible el desarrollo de la diversidad y yo no podré seguir actuando –

-¿Eres actriz? –

A Marlene le molestaba cuando no la reconocían. Había trabajado en todos los cabarets de la zona lo que la convertía en famosa a su parecer.

Ya no le bastaba la vida que tenía para saciar su ambición, ella quería fama y libertad.

Decidida, Marlene buscó la valija y emprendió viaje a su nuevo destino.

Ya arriba del tren escribía:

“Querido Berlín, por más que me duela en el alma tengo que viajar al otro lado del continente, para satisfacer mi ambición ¿no harías lo mismo? Muy mío andar exigiendo aprobación. Créeme loca, pero seré un icono pionero de la libertad sexual en Hollywood, Esta actriz de cabaret que hasta ayer pisó los escenarios berlineses, será el sol que ilumine, el ángel azul que desencadene la revolución en la industria cinematográfica dorada, volveré Berlín y te regalaré libertad”

Amida Quintana Gomez

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