Elogio del templo merengue, con River y Boca en Madrid

Publicado el 9 diciembre, 2018

Alicia de Arteaga

La última puntada de la alianza fútbol, turismo y arte, inesperada y regalada por los argentinos a la capital de España, ha sido la final de la Copa Libertadores en el estadio Santiago Bernabeu, del tradicional barrio de Chamartin. Era el detalle que faltaba para que el equipo merengue, el Real Madrid, termine de consagrar a su estadio como el templo mundial del fútbol.

Nada llega por casualidad, esta es una columna de arte, y no del juego de la pelota, pero en el estadio madrileño se juntaron ambas cosas. En 2007, Douglas Gordon y Philippe Parreno, artistas contemporáneos de fama mundial, presentaron en Cannes “Retrato del siglo XXI “, obra de arte filmada en el Bernabeu, durante el último partido jugado por Zisou, con el Real Madrid: “una oda a la resiliencia del cuerpo humano”, mucho antes de que triunfara allí mismo como DT.
Durante los noventa minutos del partido, 150 cámaras filmaron los movimientos de Zidane, su cara , sus piernas, sus dudas y su inspiración. Vi el film en el estadio de Basilea antes de que abriera su puertas una memorable edición de Art Basel. Fue un suceso, hasta tal punto, que todavía circulan los ecos que el film despertó en la escena del arte y del futbol.

Fue aquella una jugada maestra de la dupla Parreno-Gordon, un gol de media cancha también para Madrid, que se consagraba como la capital del fútbol y del arte al mismo tiempo. Hacia esa meta fueron los madrileños con inversión y talento.

La oscura capital de la meseta castellana se convirtió en destino turístico de excelencia por dos razones que están hoy sobre la mesa: el fútbol y el arte. Tras décadas de aislamiento franquista, fuera del combate frente a Londres y París, Madrid despertó con una estrategia genial: fortalecer la oferta de arte y gastar millones en lograr que el equipo merengue fuera la crème de la crème y el Estadio Bernabeu, con capacidad para 81.000 personas, ganara la chapa de “estadio de élite”.

Primer paso, formar el triangulo del arte . Al Prado, con las colecciones de los Borbones, para Bacon el mejor museo del mundo, se sumó el Reina Sofía con el Guernica (cuadro más visitado de España) y la bandera ganadora del Thyssen en el Palacio de Villa Hermosa, refuncionalizado por Rafael Moneo parta colgar los 800 cuadros del barón Thyssen, tras el acuerdo firmado, a fines de los ochenta, entre Tita Cervera, la baronesa, y Gómez Acebo, duque de Badajoz, en nombre de la corona. Fueron 300 millones de euros, una renta y una casa en La Moraleja para doña Carmen Cervera, pagados para tener esos cuadros colgados a metros de la fuente de Neptuno. Un acierto total si se piensa que el año pasado los jeques árabes pagaron 450 millones de dólares por un solo cuadro, el Salvator Mundi de Leonardo da Vinci, destinado al Museo de Abu Dhabi.

Los merengues tuvieron también su jugador-coleccionista de arte, encarnado en Raúl , el Angel del Gol, que formó con el asesoramiento de la gran galerista Helga de Alvear una de las mejores colecciones de fotografía de España. El moño de esta alianza de turismo, deporte y cultura es el clásico que la Argentina por las peores razones le ha regalado a Madrid.

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