Antonio Segui en Francia

Publicado el 14 mayo, 2019

La Biblioteca Nacional de Francia dedica una exposición al artista argentino Antonio Seguí, autor de una obra figurativa que muestra un mundo gráfico y colorido, mezclando nostalgia e ironía. La muestra comienza hoy martes 14 de mayo y se podrá ver hasta el domingo 25 de agosto.

Instalado en Francia durante más de cincuenta años, el dibujante cordobés ha encontrado en la impresión una práctica complementaria al dibujo y la pintura. Donó más de 500 piezas a la BnF (grabados, portfolios, libros ilustrados) guardados en el Departamento de Estampas y Fotografía y en la Reserva de Libros Raros. Entre esta notable colección, unas cincuenta obras, desde sus primeros grabados de la década de 1950 hasta sus últimos grabados de carborundo, celebran la obra de un artista singular y prolífico que ha explorado con éxito todas las potencialidades del grabado.

Antonio Seguí, nacido en 1934 en Córdoba (Argentina), pasó la mayor parte de su carrera en Francia, sin renunciar a sus orígenes sudamericanos. Artista reconocido en todo el mundo a través de numerosas exposiciones, es al mismo tiempo dibujante, pintor, escultor y grabador.

Después de estudiar pintura en Córdoba, es en México donde comienza a estudiar técnicas de grabado. Perfeccionó su formación artística en Madrid y París, donde se estableció en 1963, mientras regresaba regularmente a su país natal, lo que sigue siendo para él una importante fuente de inspiración.

La exposición, siguiendo un itinerario cronológico, destaca la diversidad de las inspiraciones de Seguí, desde artistas satíricos europeos, como Honoré Daumier y George Grosz, hasta cómics y serigrafía. Una oportunidad también para apreciar la variedad de técnicas utilizadas por el artista: litografía, monotipo, grabado, linograbado, fotolitografía, serigrafía, grabado con carborundo.

Con humor, Antonio Seguí cuestiona los estereotipos que nos hacen creer lo que vemos sin molestarnos en mirar realmente. En la década de 1960, compuso litografías con grandes áreas de color que ocultaban a los personajes y solo dejaban ver sus extremidades. Con estos elementos fragmentarios, trata de hacer que el espectador esté atento mientras estimula su imaginación. Luego crea una serie de impresiones en fotolitografía con apariencia pop, hechas de elementos yuxtapuestos que se transforman en una especie de rompecabezas mental, lo que plantea preguntas que no proporciona respuestas.

En la década de 1970, apareció la figura emblemática de su obra, un hombre que llevaba un sombrero, inspirado por los hombres argentinos de su infancia, que a menudo caminaba en medio de edificios.

Detrás de la naturaleza repetitiva de estas representaciones en diferentes técnicas se esconde la atención al detalle, sin verter en la narración. A través de esta figura recurrente, el arquetipo del hombre anónimo, al que se encuentra solo o perdido en la ciudad y al que se enfrenta con situaciones trágicas o cómicas, el pintor tiende a reducir al hombre a su comportamiento social.

Finalmente, desde principios de la década de 2000, el artista grabó esencialmente carborundo: adoptó un lenguaje plástico más conciso y gráfico, dibujando figuras de un negro denso, sin apartarse de su sentido del humor.

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