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3 de noviembre

Escrito por el 3 noviembre, 2019

Henri Émile Benoît Matisse murió el 3 de noviembre de 1954 en Niza, a los 84. El pintor francés es reconocido por su uso del color y por su uso original y fluido del dibujo.

Como dibujante, grabador, escultor, pero principalmente como pintor, Matisse es reconocido ampliamente, junto a Pablo Picasso, como uno de los grandes artistas del siglo XX.

Al inicio de su carrera, se le identificó con el fovismo y para los años 20 ya se había destacado por su maestría en el lenguaje expresivo del color y del dibujo, la cual desplegó en una inmensa producción que se extendió por más de medio siglo, y que consagró su reputación como una de las figuras centrales del arte moderno.

Durante su trayectoria, supo conjugar en sus obras la influencia de artistas como Van Gogh o Gauguin, con la de las cerámicas persas, el arte africano o las telas moriscas.

A diferencia de la variedad que es posible encontrar en la obra de algunos de sus contemporáneos como Picasso, la búsqueda de Matisse se centró en el equilibrio entre color y forma. Esto se puede ver desde el primer cuadro que le abre camino en la escena artística, Lujo, calma y voluptuosidad de 1904, el cual está rodeado de simplicidad y frescura, al mismo tiempo que denota una reflexión profunda.

En 1908, en su escrito Notas de un pintor (Notes d’un peintre) Matisse subraya su interés en el color al decir que hay que proteger su intensidad a través del orden. Años más tarde, habla de una “belleza” propia de los colores la cual se debe preservar; es un asunto, dice, de construcción y de organización que busque mantener la “bella frescura de los colores” intacta.

Como todos los artistas que se identifican con el fovismo, Matisse buscó liberar al color de la referencia a los objetos, logrando así su máxima expresividad. Su obra durante este breve periodo (1905-1907) se caracteriza así por enfrentar tonos puros para así resaltar los planos. Al igual que el resto de los miembros del fovismo, el paisaje y el retrato son los géneros más abordados, como puede constatarse en sus obras Vista de Collioure (Vue de Collioure) (1905), Mujer con sombrero (1905) o La gitana (La Gitane) (1906).

Matisse pasó los últimos años de su vida produciendo desde una silla. En 1941, tras un cáncer de colón y una serie de operaciones quirúrgicas, la fragilidad general que experimenta lo obliga a pasar sus días con el apoyo de una silla de ruedas, desde donde se las ingenia para continuar con lo que llamaba “pintura con tijeras”. Se tratan así de collages (también referidos como cut-outs en inglés o gouaches découpées en francés) hechos con recortes de hojas de papel blanco pintadas con gouache. Sobre todo en las obras de grandes dimensiones, Matisse daba las instrucciones sobre los colores a utilizar por sus asistentes -al frente de los cuales estaba Lydia Delectorskaya-, para luego él mismo recortarlos y dejar que su equipo los pegaran con alfileres al soporte final.

Además del colorido de las piezas, que contrasta con el contexto internacional de la Segunda Guerra y la situación personal del artista, los temas representados en los collages son igualmente joviales. Alrededor de la escena o personajes centrales, destacan muchas veces figuras dinámicas e igualmente coloridas que recuerdan formas de la naturaleza como corales, algas marinas o estrellas. Uno de los mejores ejemplos de esta etapa es Jazz, libro ilustrado con tema circense que realiza en pleno conflicto bélico pero publicado hasta 1947.

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