El arte tiene nuevo mapa en Buenos Aires

Publicado el 1 octubre, 2018

Por Alicia de Arteaga

En el principio fue la calle Florida el eje del arte porteño, y la Manzana Loca, con la Galería del Este como punto neurálgico, el templo de la vanguardia de los sesenta. Nada es igual. Florida ya no es lo que era y las galerías se han expandido hacia nuevas fronteras en una atomización que no tiene precedentes.

El toque de mandoble lo dio Orly Benzacar, cuando dos años atrás dejó el búnker histórico de Ruth Benzacar, en Florida 1000, Plaza San Martín, para instalarse en  una planta casi industrial, una vieja fábrica de carteras, en la calle Velasco, límite fronterizo entre Villa Crespo y Chacarita.

Una semana atrás, los artistas que sentaron sus bases en la zona, abrieron las puerta de sus talleres para recibir al gran público en una movida sin precedente que se llamó La Gran Paternal.

Más de 150 artistas en vivo y en directo, del productor al consumidor, anfitriones en un barrio otrora poblado por fábricas y talleres mecánicos. El modelo conocido como gentrificación no es nuevo y el mejor antecedente habrá que buscarlo en Nueva York, que fue corriendo el límite gentry hacia el Downtown en dirección al Sur, y hacia el Hudson, en dirección al Oeste.

Primero fue el Village con sus enormes plantas libres que dieron origen a los lofts y más tarde el Soho (South Houston), cuya popularidad llegó también de mano de los artistas, catalizadores de lo nuevo e inesperados agentes de Real Estate, porque allí donde se mudan suben los precios y la zona se carga de una cuota de glamour que se cotiza en dólares.

En Buenos Aires la atomización, impulsada primero por la gestión Macri, y hoy por Rodríguez Larreta, tuvo como horizonte La Boca, en una línea sureña que arranca en el Museo de Arte Moderno de la avenida San Juan, y culmina en la Fundación Proa de la Vuelta de Rocha.

La Milla Sur tiene otras escalas. Tal vez la más mediática haya sido la Usina del Arte con una programación cultural multimedia: conciertos y muestras de gran calado,  como la de fotografías de Mujeres famosas, organizada por L’Oréal que se exhibe en estos días.

La Usina, a pocos metros del bodegón fashion El Obrero, es la cara siglo XXI de la antigua central eléctrica de la Italo-Argentina con aspecto de un palazzo florentino,  y responde a la perfección al concepto de viejos edificios para nuevos usos.

El último destino de la atomización urbana IMPULSADA POR el arte como punta de lanza es Chacarita.

Alli abrió IMAN de Viviana Romay, hija del empresario y productor de medios Alejandro Romay. Es un lugar fantástico y una apuesta de riesgo importante.  A pocas cuadras, en Corrientes al 6200, el jueves inauguró Artground Chandon, con una oferta más cercana al espectáculo que al formato expositivo difundido por arteBA. Espacio C es  una enorme planta puesta a punto por el productor Javier Grossman, que ganó notoriedad como  organizador del impresionante show del Bicentenario sobre avenida de Mayo.

Artground se lanza al ruedo con propuestas híbridas, que suman arte, gastronomía, teatro y música. Un formato a la medida de los millennials, cuyo objeto es hacer de la contemplación pasiva del arte una experiencia interactiva. En esa bisagra explora con éxito el curador Martín Huberman. Es obvio, la cruza de arte y tecnología será la nueva incubadora del arte. El camino indicado para la experimentación, o, en todo caso, la ruta previsible para los nativos digitales. Para los que dejaron de jugar a la play para empezar a crear. Sin fronteras, sin etiquetas, sin mandatos.

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