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Adiós a un mito

Escrito por el 19 febrero, 2019

Con el fallecimiento de diseñador Karl Lagerfeld, la Alta Costura pierde a uno de sus más prestigiosos representantes. El modisto alemán, quien dirigió la firma Chanel durante más de 30 años, fue uno de los impulsores del marketing en las casas de costura.

Karl Lagerfeld, o el “Káiser”, como lo apodaban, era un personaje por todas las costuras.

Su aspecto físico y su manera de vestir lo hacían aparecer como alguien de otro siglo, con su cabello blanco recogido en cola de caballo, sus anteojos solares que no se quitaba nunca, por lo menos en público, sus guantes blancos, que llevaba desde hace al menos 15 años para evitar que le salieran manchas y “también para no tener que estrechar las manos húmedas como esponjas. Desgraciadamente, ocurre a menudo y es asqueroso”, afirmaba.

Otra originalidad eran sus frases provocadoras como “me horroriza mirar la fealdad” o “nadie quiere ver a mujeres rechonchas en las pasarelas”.

A simple vista, Lagerfeld no parecía muy simpático, aunque al parecer si lo era con sus amistades.

Sin embargo, detrás de este ser, aparentemente distante y visiblemente teatral, había un trabajador infatigable y un genio multifacético que, además de la moda, se destacó en otras áreas como la fotografía o la decoración. Todo ello buscando la más absoluta perfección.

Lagerfeld trabajó para varias casas de costura: Pierre Balmain, Jean Patou de la que fue director artístico, la italiana Fendi, o la parisiense Chloe. Pero para el gran público su nombre quedará siempre asociado a Chanel, firma a la que llegó en 1983.

Uno de sus grandes logros fue modernizar la casa de costura de Coco sin traicionar su estilo. Un ejercicio difícil sobre todo para un diseñador con tanta personalidad.

“Es un gran mérito y lo supo hacer a sabiendas de que el estilo Chanel es tan definido que no podía permitirse extrapolaciones. Tenía que ser Chanel y convirtió la marca en un espectáculo universal que podía interesar en cualquier país del mundo. Así pudo internacionalizar la casa Chanel”, comentó a RFI Fady El-Khoury, director de “Les Carnets Parisiens”, publicación muy exclusiva especializada en moda.

Bajo la dirección del diseñador alemán, los desfiles de Chanel se convirtieron en uno de los espectáculos más esperados de las pasarelas de París. Las puestas en escena eran extraordinarias.

En el Grand Palais, donde presentaba las colecciones desde hace años, Lagerfeld recreaba un bosque, una calle, instalaba una torre Eiffel o un enorme león como durante la presentación de la colección de Alta Costura, otoño-invierno 2010/2011. En esa ocasión, el gigantesco león de oro apareció erguido en medio de la nave central del Gran Palais. Las modelos más famosas en ese momento surgieron de una monumental perla blanca que “Leo”, el signo zodiacal de Coco Chanel, aprisionaba en una de sus garras.

Durante la presentación de otra colección de Alta Costura, también en el Gran Palais, transformado en una finca con choza de paja y piso de tierra, de pronto emergió del escenario la cantante británica Lily Allen y su orquesta. Toda una sorpresa.

Sin embargo, un aspecto del que poco se habla es que, a través de Chanel, Karl Lagerfeld salvó la maestría del trabajo de artesanos como el plumajero Lemarié, el bordador Lesage, el fabricante de botones Desrues, el zapatero Massaro, el orfebre Goosens, el sombrerero Michel y el creador floral Guillet.

Un savoir-faire francés que, sin Karl Lagerfeld, habría desaparecido.


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