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15 de julio

Escrito por el 15 julio, 2019

El médico, escritor y dramaturgo ruso Antón Chéjov murió el 15 de julio de 1904 en Badenweiler, a los 44, víctima de una tuberculosis. Encuadrable en la corriente más psicológica del realismo y el naturalismo, fue un maestro del relato corto, siendo considerado como uno de los más importantes escritores de este género en la historia de la literatura.

Como dramaturgo se enclava dentro del naturalismo, aunque con ciertos toques de simbolismo, y escribió unas cuantas obras, de las cuales son las más conocidas La gaviota (1896), Tío Vania (1897), Las tres hermanas (1901) y El jardín de los cerezos (1904). En estas obras idea una nueva técnica dramática que él llamó de «acción indirecta», fundada en la insistencia en los detalles de caracterización e interacción entre los personajes más que el argumento o la acción directa, de forma que en sus obras muchos acontecimientos dramáticos importantes tienen lugar fuera de la escena y lo que se deja sin decir muchas veces es más importante que lo que los personajes dicen y expresan realmente.

Chéjov compaginó su carrera literaria con la medicina; en una de sus cartas escribió que “la medicina es mi esposa legal; la literatura, solo mi amante”. La mala acogida que tuvo su obra La gaviota en 1896 en el estatal (imperial) Teatro Alexandrinski de San Petersburgo casi lo desilusionó del teatro, pero esta misma obra tuvo un gran éxito dos años después gracias a la interpretación del Teatro del Arte de Moscú dirigido por el innovador director teatral Konstantín Stanislavski, quien repitió el éxito para el autor con Tío Vania, Las tres hermanas y El jardín de los cerezos.

Al principio, Chéjov escribía simplemente por razones económicas, pero su ambición artística fue creciendo al introducir innovaciones que influyeron poderosamente en la evolución del relato corto. Su originalidad consiste en el uso de la técnica del monólogo, adoptada más tarde por James Joyce y otros escritores del modernismo anglosajón, además del rechazo de la finalidad moral presente en la estructura de las obras tradicionales. No le preocupaban las dificultades que esto planteaba al lector, porque consideraba que el papel del artista es realizar preguntas, no responderlas.

El “arma de Chéjov” es un principio dramático que postula que cada elemento en la narración debe ser necesario e irremplazable, o de lo contrario debe ser eliminado. El autor lo enunció en una carta en la que exigía: “Eliminá todo lo que no tenga relevancia en la historia. Si dijiste en el primer capítulo que había un rifle colgado en la pared, en el segundo o tercero este debe ser descolgado inevitablemente. Si no va a ser disparado, no debería haber sido puesto ahí”.

Aunque ya era conocido en Rusia antes de su muerte, Chéjov no se hizo internacionalmente famoso hasta los años posteriores a la Primera Guerra Mundial, cuando las traducciones de Constance Garnett al inglés ayudaron a popularizar su obra. Las obras de Chéjov se hicieron tremendamente famosas en Inglaterra en la década de 1920 y se han convertido en todo un clásico de la escena británica. En Estados Unidos, autores como Tennessee Williams, Raymond Carver o Arthur Miller utilizaron técnicas de Chéjov para escribir algunas de sus obras.

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