14 de agosto

Publicado el 14 agosto, 2019

Berthold Brecht murió el 14 de agosto de 1956 a los 58. El dramaturgo y poeta alemán, uno de los más influyentes del siglo xx además de figura teatral y teórico del arte, fue el creador del teatro épico, también llamado teatro dialéctico.

Mientras vivía en Munich durante la República de Weimar, tuvo sus primeros éxitos con obras de teatro, cuyos temas a menudo fueron influenciados por su pensamiento marxista. Fue el principal defensor del teatro que el prefería llamar “dialéctico”. Durante el período nazi y la Segunda Guerra Mundial vivió en el exilio, primero en Dinamarca y luego en los Estados Unidos. Al regresar a Berlín Oriental después de la guerra, estableció la compañía teatral Berliner Ensemble con su esposa y colaboradora de mucho tiempo, la actriz Helene Weigel.

El trabajo de Brecht siempre ha sido controvertido como sus opiniones políticas. Sin embargo, ya en los años 50 las obras de Brecht fueron reconocidas en el panorama teatral europeo; Sus ideas de una forma u otra fueron aceptadas por muchos dramaturgos contemporáneos, incluidos Friedrich Dürrenmatt, Arthur Adamov, Max Frisch y Heiner Müller.

Todas las obras de Brecht están absolutamente ligadas a razones políticas e históricas y tienen un sobresaliente desarrollo estético. En realidad, en Brecht se encuentran siempre unidos el fondo y la forma, la estética y los ideales. Desde sus comienzos se caracterizó por una radical oposición a la forma de vida y a la visión del mundo de la burguesía y naturalmente al teatro burgués, sosteniendo que sólo estaba destinado a entretener al espectador sin ejercer sobre él la menor influencia. Brecht, desarrolló una nueva forma de teatro que se prestaba a representar la realidad de los tiempos modernos, y se encargó de llevar a escena todas las fuerzas que condicionan la vida humana. Además de conmover los sentimientos, obligaba al público a pensar; en las representaciones teatrales nada se daba por sentado y obligaba al espectador a sacar sus propias conclusiones. Hasta el fin de su vida sostuvo la tesis de que el teatro podía contribuir a modificar el mundo. Para ello fue creando una nueva idea del arte como comprensión total y activa de la historia: el efecto de distanciamiento, la no contemplación lírica de las cosas y tampoco replegamiento sutil sobre la subjetividad, sino elecciones humanas y morales, verificación de los valores tradicionales y elaboración de una nueva presencia de la poesía en la sociedad.

Su teatro épico, narrativo, continúa apuntando en las escenificaciones de hoy a provocar la conciencia crítica de espectadores y actores. Hay que desmenuzar el texto, no sentirlo, examinarlo desde lejos, tomar distancia del propio yo. Nada de sentimentalismos que provoquen lágrimas en el escenario. Brecht hizo gala de antisentimentalismo, así como de su condolencia para los pobres y su sufrimiento, al tiempo que atacaba la falsa respetabilidad de los burgueses. El famoso efecto de distanciamiento creado por Brecht es un arma contra el romanticismo y el sentimentalismo. La crítica social, la compasión por los seres humanos y el consiguiente cambio de la sociedad debían desempeñar el papel esencial. Así, las canciones interrumpen los parlamentos, el telón priva al escenario de la magia teatral, y un cartel plantea la exigencia. Los actores de Brecht son sus alumnos: les deja actuar en el escenario y de ese modo edifican la pieza, mientras que el director la destruye. La genialidad y la ingenuidad mantienen un equilibrio. Esta combinación es el secreto del éxito de Brecht.

Brecht figura entre los autores más importantes del siglo XX. Es el prototipo del intelectual revolucionario que ha tratado de descifrar la realidad a través del arte. Lo cierto es que su obra teatral y sus numerosos escritos teóricos han ejercido enorme influencia sobre los escritores contemporáneos a él.


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