Turner, el inglés que vio la luz como nadie

Publicado el 4 julio, 2018

Por Alicia de Arteaga

Por muchos motivos, Turner es y ha sido noticia en Buenos Aires. Precursor del impresionismo, enamorado de los cielos y dueño de la luz, J.M.W. Turner ganó notoriedad a fines de los años ochenta, cuando Amalia Lacroze de Fortabat pagó el récord de 7 millones de dólares por Julieta y su niñera, un cuadro sublime y espléndido que está hoy colgado en las galerías de la Colección Amalia Lacroze de Fortabat, en Puerto Madero.

Dicen que ella compró el cuadro aconsejada por su amigo David Rockefeller. Buen consejo y buen consejero. David, cuya colección acaba de rematarse en Christie’s de Nueva York por un increíble récord cercano a los 800 millones de dólares, sabía de qué hablaba. Fue un gran coleccionista y era hijo de la fundadora del MoMA. En efecto, en 1929, su madre y unas amigas, mientras tomaban té en la casa familiar de la calle 53, entre Quinta y Sexta Avenida, decidieron crear un museo para mostrar lo nuevo. Así nació el MoMA, que es privado y no público como muchos creen, aunque el ex alcalde Rudolph Giuliani haya puesto una suculenta suma para su ampliación en el debut del siglo XXI.

Lo de Giuliani resultó una inversión y no un gasto. Está probado que tras la ampliación del MoMA, los turistas se quedan un día más en Nueva York con lo que esto representa en hoteles, comidas, taxis y alguna tentación inevitable que llega al cruzar la vidriera de Saks que está a una cuadra. En cuanto al Turner de Amalita, no está de más recordar que la compra del cuadro a un precio récord fue para la glamorosa empresaria argentina dueña de Loma Negra el pasaporte a la fama, en una ciudad donde ser mecenas y coleccionista es el nec plus ultra.

Al día siguiente, estuvo en la portada del Times como “la dama de blanco sudamericana que compró el Turner”. Para quienes pensaban que había pagado mucho por esa escena veneciana pintada desde una terraza en la Plaza de San Marcos, hay que decir que se equivocaron de cabo a rabo.

Poco tiempo después se vendió otro Turner, Acantilados de Folkestone, en 70 millones de dólares. Este martes, en Londres, una acuarela del inglés que vio la luz como nadie se remató en Sotheby’s por 2 millones de libras. Es una vista de Lago de Lucerna, que integra una serie que Turner pintó por encargo de un magnate amante del arte. Obra de sus últimos años, esta acuarela luminosa está considerada un capolavoro en su producción. Es un recuerdo de sus años suizos, entre 1841 y 1844. Un encargo de su mecenas Elhanan Bicknell.

La historia del pintor inglés cobra actualidad, porque está anunciada para septiembre una gran muestra de su obra en el Museo Nacional de Bellas Artes. Ha sido esa la luz dorada el atributo que colocó su pintura en el podio integrado por tres estrellas británicas: Turner, Bacon y Freud. Para completar este panorama, Joseph Mallory William Turner será el inspirador de la gala que todos los años organizan los Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes. Una institución en sí misma, pilar indiscutido de nuestro museo mayor.

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