Patrimonio arquitectónico bajo la lupa

Publicado el 12 junio, 2018

Por Alicia de Arteaga

Ya está en marcha la presentación de Buenos Aires-La Plata para integrar el listado de Patrimonio de La Humanidad de la Unesco.  El domingo, en Ideas La Nación, presenté el tema que tiene un beneficio doble para nuestro país. Primero, no está mal recordar lo que fuimos y lo que hicimos cuando el PBI nos colocaba en el ranking de los poderosos. Segundo, que ese patrimonio maravilloso es un legado que debemos conservar, proteger y restaurar. No se volverá a repetir.

Corina Kavanagh vendió una cuantas hectáreas para levantar el Kavanagh, que fue el primer edificio moderno de Buenos Aires, el más alto de Sudamérica y la estructura de hormigón más grande del mundo en el año de su inauguración: 1936.

Hoy no puede arrancar la reforma de la estación terminal de ómnibus de Retiro, a pocas cuadras del Kavanagh.  La terminal es un lugar denigrado y peligroso. Para medir el alcance del deterioro basta comparar esos andenes maltrechos con la grandeza monumental de la recuperada Retiro. Son dos países.

El espectro de opinólogos está dividido a la hora de analizar en que momento perdimos el tren. Más aún, en qué momentos perdimos los trenes. Hoy se tarda más en llegar desde Jujuy a Buenos Aires, que de Shangai a Londres. Algo huele mal en el reino de Dinamarca.

Será necesario mucho más que el empuje del ministro Guillermo Dietrich para recuperar lo perdido.

Mientras tanto hay que cuidar el legado. El Patrimonio se mira pero no se toca. Así como hay una multitud de veraneantes escandalizados porque la dupla Viñoly- Cipriani quiere hacer una torre de 60 pisos en San Rafael, Punta del Este, deberíamos estar más atentos a lo que pasa en “nuestro metro cuadrado”, como decía el artista Marcelo Pombo.

Del Palacio Aberg Cobo quedará la fachada y muy poco más, del Banco Español queda una escenografía olvidable; a Colón se lo llevaron al “trastevere”, sin el más mínimo respeto por el valor de la escultura ni por los italianos que la donaron.

Imaginen, amigos de Radio Cultura, si alguien se atreviera a tocar un dedo del Colón de Columbus Circle en Nueva York.
La gestión actual debe lidiar a diario con los piqueteros que vuelven imposible circular por la ciudad. Pero, ojo, la gestión actual deberá domar, también, la tentación de la piqueta. Hay demasiadas excepciones y una ligereza peligrosa en el cuidado del patrimonio.

Este legado fenomenal es también una fuente de recursos. De hecho, la belleza de esta arquitectura ecléctica y paneruopea es el principal argumento que esgrimen los turistas cuando se les pregunta por qué vienen a Buenos Aires.

Nadie viaja para ver una torre vidriada. Quienes ejecutan los cambios y autorizan las excepciones deberían saber que cuando el negocio le gana al patrimonio, perdemos todos.

 

 

Crédito de la foto: cultura.laplata.gov.ar

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