EL (NO) VIAJE DEL PAPA

Publicado el 5 febrero, 2018

Por Rodolfo C. Barra (ex juez de la Corte Suprema de Justicia de la Nación).

¿Por que no ha venido el Papa a la Argentina? No tengo yo la respuesta, pero creo que no es algo que perjudique al actual gobierno.

Veamos. La enseñanza de la Iglesia ofrece como una doble vía: una gran exigencia moral, que incluye lo social (Doctrina Social de la Iglesia) y, a la vez, la Misericordia elevada a regla absoluta (sin la Caridad, la Fe y la Esperanza –las tres virtudes teologales-serían vanas, enseña San Pablo). Por ello, sin perjuicio de la revolución cultural de la Misericordia (las Bienaventuranzas son el mensaje social más revolucionario de la historia de la humanidad) la Iglesia exige, en el punto, elevadísimos estándares de moral social.  Estas dos vertientes, que en definitiva se hacen una en la consideración de la Justicia como un banquete donde todos están invitados y donde los últimos serán los primeros (en lo temporal, esto es la Justicia Social en su máxima expresión) forman el corazón del denominado Magisterio Social de la Iglesia y se encuentran maravillosamente expuestas en la encíclica “Laudato Si” y, antes, en la exhortación “Evangili gaudium”, ambas del actual Papa Francisco.

Aquella extraordinaria enseñanza se puede sintetizar en un principio muy simple: no puede haber excluidos a la mesa de los bienes sociales. En un mundo donde los excluidos son legión, es lógico que la totalidad de los viajes, o peregrinaciones, de todos los papas contengan, como mensaje principal, el angustioso llamado a abrir la lista de invitados a los bienes que son, también, para todos, sin esperar a un “derrame” que, cuando se produce, es demasiado “a cuenta gotas”.

Claro que nuestro país es hoy uno de los que mantienen más exclusivo (precisamente, no inclusivo) su salón comedor. La pobreza supera el 30% de la población, mientras que la marginación es mayor que el 6%, cifras que son todavía peores si las aplicamos a la población infantil y juvenil. En una Nación que ha sido tan bien dotada por la Providencia, tales datos son heridas que hacen sangrar al cielo.

¿Cómo ocurrió este desastre? ¿Cómo llegamos a esta degradación colectiva? Cada uno tendrá su respuesta y su principal imputado. Seguramente todos somos culpables.

La culpa, entonces, no es de Macri, pero Macri es quien hoy gobierna. Hoy es responsable. ¿Está debidamente orientado su gobierno para salir (convertirnos) de éste abominable pecado? Aquí también las respuestas pueden ser más que variadas (personalmente creo, sino en el acierto de todas las medidas, si en su buena fe y correcta intención).

El problema es que Francisco, en una hipotética visita a la Argentina, no podría hacer otra cosa que denunciar nuestro horrible pecado social, incluso, con una voz amplificada por el dolor personal. ¿Cómo evitar que los mismos que hoy critican a su “no viaje”, en aquella hipótesis proclamen que Francisco vino a hacer “peronismo desestabilizador” (cuando el peronismo siempre fue la víctima de los golpes de estado)?

Antes de Francisco Papa, la Iglesia argentina, con Bergoglio Cardenal, denunció nuestro “exclusionista” egoísmo social: el banquete con proporcionalmente cada vez menos invitados. Y lo sigue haciendo ahora, y lo seguirá haciendo para movernos a la conversión por el camino de la Justicia.

Son muchos los testigos que han visto al Papa rezar por su Argentina y por sus hermanos argentinos, que han advertido la angustia papal al recibir ciertas noticias nuestras, como también su alegría por las buenas noticias.

Quizás sea mejor que todavía no venga. Aquí los dueños de la opinión publicada malinterpretarían su mensaje y hasta lo aprovecharían para perjudicar al gobierno (no faltará mucho para que lo quieran hacer).

Francisco reza permanentemente por nosotros, nosotros también lo hacemos por él.


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