El Cervantes tiene nuevo director

Publicado el 1 agosto, 2018

Alicia de Arteaga

Barcelona.- Noticia a toda página en los diarios españoles ha sido la designación de Luis García Montero como director del Instituto Cervantes, nave insignia de la lengua española en el mundo entero. Para los argentinos, el nombramiento tiene un sonido especial por dos razones: primero, porque el saliente director Juan Manuel Bonet, crítico, escritor, periodista , curador, que fue director del Reina Sofía de Madrid y del IVAM de Valencia,  es un gran amigo de Buenos Aires. Un admirador de Borges, fino conocedor de su prosa y  habitué de las librerías de la calle Corrientes, donde, suele contar, ha encontrado joyas y primeras ediciones. En segundo lugar, porque fue Bonet, como director del Cervantes, quien puso en marcha la organización del Congreso de la Lengua, que tendrá como sede la ciudad de Córdoba el año próximo.

Es la segunda vez que el Cervantes y España plantan bandera con un congreso en nuestro país, hecho que tiene una dimensión política y estratégica de trascendencia. En la anterior oportunidad (2004) fue Rosario; todavía resuenan las palabras geniales y desopilantes del gran Fontanarrosa, y también,  el recuerdo de una ciudad puesta de punta en blanco. Córdoba está en los preparativos de este encuentro que coloca a la lengua en el centro del  diálogo cultural., como embajadora y puente de plata.

Ha sido Pedro Sánchez, el presidente del gobierno español, quien llamó personalmente a García Montero para ofrecerle el cargo que el ejecutivo y el designado consideran de capital importancia.

Nacido en Granada, en 1958, el flamante director del Instituto Cervantes está casado con la escritora Almudena Grandes, es docente de la Universidad de Granada y los preceden en la palabra innumerables artículos y más de 40 libros. Al aceptar el cargo, no siendo militante político, ha dicho que “lo más poético que existe para los proyectos culturales es el dinero”.

La frase es al menos provocativa, pero sobre todo valiente. No cuenta el Cervantes con  los presupuestos de organismos conocidos internacionalmente como el Instituto Francés, el Goethe o el British Council, pero dispone de  125 millones de euros al año para administrar esa suerte de embajada cultural que abre más puertas que las representaciones diplomáticas.

Nada se compara a hablar el mismo idioma. En todos los sentidos. La meta de García Montero es fortalecer los lazos con Latinoamérica y expandir la lengua en los Estados Unidos, porque “no se explica que no hayan Institutos Cervantes en Washington o en Miami”.  Una contradicción si se piensa que en los Estados Unidos la comunidad hispánica es una poderosa e influyente primera minoría.

Con esta designación ha comenzado una nueva etapa.

 

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