A 120 años del nacimiento de Garcia Lorca

Publicado el 6 junio, 2018

Por Antonio Las Heras

Algunos aspectos poco conocidos en la vida de Federico García Lorca.

Federico García Lorca, de quien el pasado 5 de junio se cumplieron 120 años de su nacimiento, estuvo algunos meses en Buenos Aires.

En Nueva York, había escrito un singular guión de cine “Viaje a la Luna” (1929) con influencias procedentes de su relación con Luis Buñuel y Salvador Dalí. Es la alegoría de un viaje hacia lo profundo de las emociones humanas: deseos, ansiedades, angustias, esencias, el amor…

En el vapor Conte Grand llega a Buenos Aires a donde desembarca el 13 de octubre de 1933.

Regresó a su España natal el 27 de marzo de 1934. Antes de hacerlo entregó a su amigo Pablo Neruda – quien era cónsul chileno – un sobre cerrado con el escrito “Para seguir la fiesta.” Debía abrirse recién cuándo su vapor ya hubiera partido. Así se hizo. Y al hacerlo encontró una buena cantidad de dinero para ser usada en lo que el rótulo indicaba.

Lorca se hospeda en el Hotel Castelar, situado en el 1152 de la tradicional Avenida de Mayo, uno de los más lujosos y elevados, entonces, de la ciudad. El arquitecto que lo construyó – en 1927/28 –fue Mario Palanti – el mismo del Palacio Barolo, ese edificio que atesora símbolos esotéricos que aún hoy siguen desvelando a los investigadores –, por eso no nos extraña cuando descubrimos que el Castelar, desde la línea municipal hasta su cima mide, con exactitud, 33 metros. Una cifra absolutamente simbólica que no requiere mayores comentarios.

La habitación que el poeta utilizara durante ese tiempo está en el séptimo piso y lleva el número 704. Hoy, convertida en museo, es habilitada al público de vez en cuando.

El hotel, que fuera inaugurado con el nombre de Excelsior, cambia su nombre cuando los nuevos compradores quisieron mantener vivo el primer apellido de Emilio Castelar y Ripoll, presidente del poder ejecutivo entre 1873 y 1874 de la primera república española.

En el subsuelo funcionaba la que fuera famosa radio Stentor donde Lorca actuó en varias ocasionesrecitando sus poemas.  

Se ha dicho que Lorca y Carlos Gardel tuvieron varios animados encuentros. Empero, nuestro buen amigo Ben Molar – ya fallecido – en alguno de los diálogos que mantuvimos en el bar de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) afirmó que sólo hubo un encuentro. Ocurrió en la casa del Zorzal Criollo en una noche donde el granadino extasió a todos los presentes tocando el piano. También tuvo algún trato con Jorge Luis Borges; pero escaso, ya que éste no gustaba de su poesía.

Victoria Ocampo tampoco fue ajena al trato con Lorca. Se habían conocido en Madrid. En laresidencia de la escritora, en San Isidro (provincia de Buenos Aires), Lorca se sintió a sus anchas: leyó poemas, transcurrió tardes quizás melancólicas, tocó el piano, conversó con los invitados de Victoria sobre literatura y más sobre política tanto como el presente y futuro de la recién instaurada república en España.

Tras el asesinato de Federico, el 18 de agosto de 1936, en la revista Sur que Ocampo dirigía publica una carta en la que transmite el dolor personal que le ha provocado el asesinato del autor para concluir: “Trescientas rosas morenas… no han logrado ahogar tu sonrisa de niño. ¿Me oyes, Federico García Lorca?”

Poco antes de emprender el regreso estrenó en el teatro Avenida – situado a una cuadra del Castelar – la obra “Retablillo de don Cristóbal.” Se hizo una función especial, sólo para sus amigos, que comenzó… cuando el reloj daba las dos de la mañana.

Afecto a las tertulias prolongadas donde la conversación útil, enriquecedora, valiosa prevalecía, Lorca se hizo habitué del Café Tortoni (fundado en 1858 y que aún mantiene sus puertas abiertas, situado al 800 de Avenida de Mayo) donde es conservada una página en la que, además de un grabado, escribió una frase que encierra – a nuestro juicio – su más vital filosofía de vida. Dice: “Sólo el misterio nos hace vivir, solo el misterio.” Es el mismo hombre que se muestra lúcido conocedor del alma humana cuando manifiesta: “La agonía física, biológica, natural de un cuerpo, por hambre, sed o frío dura muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.”

Tras su fusilamiento, el cuerpo del poeta nunca fue encontrado.

 

 

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